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Mostrando entradas de 2025

Adiós Robe

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  ¿Cómo explicarles a los más jóvenes que hoy el mundo es un poco peor? Este planeta pierde a alguien auténtico, a alguien que, al escucharlo, te sacudía por dentro y te obligaba a pensar.  Alguien capaz de bajarte de este mundo de mierda que hemos construido para regalarte poemas llenos de mensaje, de rebeldía y de belleza. Y todo con esa mezcla suya de sutileza y aspereza, porque jamás necesitó medir nada.  Robe tenía mucho que decir y encontró en el rock la mejor herramienta para hacerlo. Algún día, los jóvenes de hoy descubrirán su legado. Yo lo hice un bendito día en la Córdoba de principios de los 90, casi por accidente. Desde aquel momento supe que aquel rockero era distinto, genuino. Para quienes vivimos la música como parte de nuestra vida, hoy nos sentimos huérfanos de todo lo que Robe Iniesta representaba. No es fácil vivir como se piensa, pero él siempre lo hizo. Nos deja un legado enorme en forma de canciones, y también momentos en entrevistas que siguen sien...

El sesgo de confirmación como arma

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  El ser humano tiene una tendencia casi natural a ser cabezota. Lo difícil que resulta desprendernos de una idea cuando ya la hemos dado por cierta. Incluso cuando nos ponen delante datos, pruebas y explicaciones que muestran lo contrario, solemos mantenernos firmes. Y a veces esa firmeza es tan absurda que roza lo irracional. Pero aun así, seguimos defendiendo nuestras creencias. En psicología, esta tendencia se llama sesgo de confirmación . Significa que buscamos información que confirme lo que ya pensábamos y, a la vez, ignoramos o minimizamos todo aquello que lo contradice. Es un mecanismo muy humano, pero también muy peligroso. Además, tenemos dos necesidades psicológicas que chocan entre sí: nos gusta rodearnos de gente que piensa como nosotros, porque eso nos da seguridad, pero al mismo tiempo queremos sentirnos distintos al resto, especiales. Esta combinación nos hace vulnerables a ciertos discursos que saben aprovechar esas debilidades. Y aquí entra en juego un fenómeno m...

El precio del bienestar

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  Sé que lo que voy a decir no es popular, pero todos sabemos, en el fondo, que es cierto. Jamás hubo en España una juventud con una indigencia mental tan profunda como la actual. Nunca. Hablamos de jóvenes a los que convencen de que viven en una república bolivariana comunista, mientras disfrutan de todas las comodidades imaginables: un móvil operativo en el bolsillo, colchón viscoelástico, ordenador, conexión de banda ancha, consola, televisor… Comen a la carta, reciben una paga para salir a beber con sus amigos e incluso viajan con ellos. Estudian en institutos y universidades públicas que les ofrecen formación gratuita, tienen la libertad de manifestarse por cualquier causa que consideren justa, disfrutan de asistencia sanitaria universal, descuentos en transporte público, bonos y un sinfín de derechos más que les han acompañado desde que nacieron. Y, aun así, cualquier mediocre con un perfil en redes sociales es capaz de convencerlos de que “antes se vivía mejor”. No obstante,...

Ofenderse es una elección

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  ¿No es algo curioso que cuando tú pareja dice algo, tú sientas que te están castigando?. Analizas la palabra y piensas. "No lo está diciendo sin más, lo dice para ofenderme". Y en seguida fuego en el pecho. "¿Quieres ofenderme?". " Pues verás ahora". Y pasas al ataque con reproches absurdos y haciéndote la ofendida. Pero no estás defendiendo tú dignidad, estás defendiendo tú herida. El tema no es que estés enfadada con el otro, estás enfadada con la sensación de sentir lo que alguna vez sentiste, con que aquellas palabras estén ocultas en cualquier cosa que te diga. Así que levantas tu escudo y te victimizas por lo que siendo víctima, puedes pasar al ataque y decirle al otro lo que te dé la gana, porque lo haces para defenderte. Puedes hacerle sentir igual de mal que te sientes tú, aunque honestamente sepas que esas palabras que te ha dicho son absurdas. Pero la verdad es esta, tú cuerpo, herido por tantas veces que te hicieron daño, ya no distingue entr...

La creencia limitante

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  ¿No te parece extraño que justo cuando todo va bien en tu relación, sientas un deseo inexplicable de arruinarlo todo?. Una mirada mal interpretada, un detalle, una pelea de la nada, un drama inventado y ¡zas!. El momento feliz se convierte en cenizas. Pero no arruinas lo bueno porque te parezca una mentira, lo arruinas porque en el fondo no soportas sentir que lo mereces. Y el tema no es que la felicidad sea frágil, el tema es que tienes tanto miedo a perderla que la matas tú primero para sentir que tienes control sobre el desastre, confundiendo intensidad con amor y destrucción con control.  Lo curioso es que en el fondo todo este sabotaje nace de un deseo secreto, de que tú pareja aguante, se quede entre los escombros y te demuestre que su amor, es más fuerte que tu miedo. Pero la verdad no es otra que la de no dejar entrar a la felicidad sencillamente porque no confías en tu capacidad de sostenerla.  El pánico a la calma nace de la creencia de que no mereces la felic...

Ya no me atrae lo difícil

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Recuerdo cuando me atraía lo incierto, lo inestable, lo que hería y luego pedía perdón con una sonrisa. Me fascinaba quien venía y se iba, quien contestaba cuando quería, quien jugaba con la ausencia como si fuera un arte. Y si lograba por fin que se quedara, entonces pensaba que yo tenía un alto valor y que ese amor esquivo era la prueba misma de mi valor. Pero un día desperté. Y en ese despertar hubo silencio, duelo y después, comprensión. Entendí que aquello no era amor, sino un eco de mis carencias. Que me aferraba a migajas, creyendo que eran banquetes. Que no era pasión, era hambre. Y que mi ego, buscando validación constante, confundía el caos con intensidad.  Cuando no has sanado, lo confuso se vuelve magnético. Lo difícil parece especial, profundo y el dolor se disfraza de destino. Pero al sanar, ya no quieres fuegos artificiales que arden y desaparecen, todo eso te da hastío y pereza. Quieres fuego lento, presencia serena, manos que no tiemblan al sostenerte. Porque cuand...

El amor, esa alquimia que la naturaleza nos regaló

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El ser humano es, en esencia, una máquina perfecta y compleja que muchas veces no llegamos a comprender del todo. Pero la naturaleza, sabia y generosa, pensó en todo, incluso en cómo ayudarnos a encontrar a nuestra pareja ideal. Eso que llamamos química nos parece muchas veces inexplicable. Por más que creamos tener un “tipo” —personas de cierto color de ojos, de cabello o con características específicas—, un día aparece alguien que rompe con todos nuestros esquemas. Y sin una razón lógica aparente, esa persona nos atrae profundamente. Su voz, sus gestos, su forma de moverse, su mirada… O quizás la suma de todo. Lo cierto es que sentimos que querríamos compartir algo más con ella. Es entonces cuando la naturaleza activa su maquinaria interna, y se enciende lo que conocemos como la fase de enamoramiento . Cuando estamos cerca de esa persona, nuestro cerebro aumenta la producción de dopamina , un neurotransmisor que actúa como un mensajero químico, regalándonos esa sensación de euforia, ...