Ofenderse es una elección
¿No es algo curioso que cuando tú pareja dice algo, tú sientas que te están castigando?. Analizas la palabra y piensas. "No lo está diciendo sin más, lo dice para ofenderme". Y en seguida fuego en el pecho. "¿Quieres ofenderme?". " Pues verás ahora". Y pasas al ataque con reproches absurdos y haciéndote la ofendida.
Pero no estás defendiendo tú dignidad, estás defendiendo tú herida. El tema no es que estés enfadada con el otro, estás enfadada con la sensación de sentir lo que alguna vez sentiste, con que aquellas palabras estén ocultas en cualquier cosa que te diga.
Así que levantas tu escudo y te victimizas por lo que siendo víctima, puedes pasar al ataque y decirle al otro lo que te dé la gana, porque lo haces para defenderte. Puedes hacerle sentir igual de mal que te sientes tú, aunque honestamente sepas que esas palabras que te ha dicho son absurdas.
Pero la verdad es esta, tú cuerpo, herido por tantas veces que te hicieron daño, ya no distingue entre palabra y ofensa. Y tú rabia es una forma de expresar el miedo por volver a pasar por lo mismo.
Entonces es más fácil sentir la adrenalina por la pelea que tú provocas que la humillación por las palabras que supuestamente te ofenden y que no puedes controlar.
Pero si alguna vez llegas a saber que las palabras son solo eso...palabras y que no tienen porqué llevar ocultas una ofensa, puedes llegar a un punto de calma y serenidad absoluta.
Y es en este punto aún estando en medio de la rabia, cuando caes en que no necesitas reaccionar y demostrar fuerza y cuando llega el único control real que existe...que tú paz, no depende de absolutamente nadie más que de ti.
A veces el verdadero control no es ganar la guerra, es decidir no empezarla.

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