La creencia limitante
¿No te parece extraño que justo cuando todo va bien en tu relación, sientas un deseo inexplicable de arruinarlo todo?.
Una mirada mal interpretada, un detalle, una pelea de la nada, un drama inventado y ¡zas!. El momento feliz se convierte en cenizas.
Pero no arruinas lo bueno porque te parezca una mentira, lo arruinas porque en el fondo no soportas sentir que lo mereces. Y el tema no es que la felicidad sea frágil, el tema es que tienes tanto miedo a perderla que la matas tú primero para sentir que tienes control sobre el desastre, confundiendo intensidad con amor y destrucción con control.
Lo curioso es que en el fondo todo este sabotaje nace de un deseo secreto, de que tú pareja aguante, se quede entre los escombros y te demuestre que su amor, es más fuerte que tu miedo. Pero la verdad no es otra que la de no dejar entrar a la felicidad sencillamente porque no confías en tu capacidad de sostenerla.
El pánico a la calma nace de la creencia de que no mereces la felicidad, la tranquilidad. Que si no hay drama no es real. Pero hasta que no saques esa voz de tu cabeza que no deja de repetirte que lo bueno no está hecho para ti, seguirás cambiando calma por tormenta. Pero si alguna vez consigues sacártela, si llegas a ser capaz de silenciar esa voz, ocurre lo que parecía imposible. Empiezas a habitar en la alegría sin esperar el castigo y la calma dejará de ser esa amenaza constante para convertirse en tu hogar.

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