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MADRILUCÍA

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No creo que exista un solo andaluz que no se haya sentido menospreciado alguna vez por el simple hecho de serlo. Desde distintos puntos de España se nos ha atacado, insultado y colocado etiquetas con una alegría envidiable, sin el menor reparo en tratarnos de paletos o vagos cuando les ha dado la gana. De tanto se nos ha despojado a lo largo de la historia que, en su momento, a la todopoderosa Ayuso se le ocurrió dar un paso más y declarar a Madrid “Capital Mundial del Flamenco”. ¡Toma ya!. Pero aquello solo fue el principio. Ahora ha decidido ir más allá y apropiarse también de nuestras costumbres. Lo ha llamado “ Madrilucía ”, una iniciativa que consiste en llevarse la Feria de Sevilla a Madrid, como quien se lleva un souvenir en la maleta. Eso sí, a lo grande: 400 casetas, alquiler de trajes de gitana — que ella insiste en llamar de flamenca —, coches de caballos — ella los llama carruajes — y un despliegue digno de una superproducción, para que los madrileños puedan tener su feria...

¿Y si todo es mentira?

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  ¿Es Maduro un dictador?. Rotundamente si. No creo que a estas alturas haya alguien en el planeta que cuestione que el ahora mismo expresidente de Venezuela, se haya comportado como un tirano. Lo es y como todo dictador, somete a su pueblo. Y es perfectamente comprensible que el pueblo venezolano vea una luz de esperanza en la acción de Trump. Pero no solo la historia, sino el comportamiento del mandatario norteamericano, nos hace pensar, que quizás a este le importe poco la suerte de los venezolanos y si muy mucho el rédito económico que pueda obtener de todo esto. Primero porque la acusación de narcotráfico, tiene poco sentido cuando hace poco más de un mes, el propio Trump indultó a Juan Orlando Hernández. Y muchos se preguntarán. ¿Quién es Juan Orlando Hernández?. Fue presidente electo de Honduras en noviembre de 2013 y tras una controvertida decisión de la Corte Suprema de Justicia se permitió su reelección cuatro años después. Aquellas elecciones, tal y como ocurrió en Venez...

Adiós Robe

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  ¿Cómo explicarles a los más jóvenes que hoy el mundo es un poco peor? Este planeta pierde a alguien auténtico, a alguien que, al escucharlo, te sacudía por dentro y te obligaba a pensar.  Alguien capaz de bajarte de este mundo de mierda que hemos construido para regalarte poemas llenos de mensaje, de rebeldía y de belleza. Y todo con esa mezcla suya de sutileza y aspereza, porque jamás necesitó medir nada.  Robe tenía mucho que decir y encontró en el rock la mejor herramienta para hacerlo. Algún día, los jóvenes de hoy descubrirán su legado. Yo lo hice un bendito día en la Córdoba de principios de los 90, casi por accidente. Desde aquel momento supe que aquel rockero era distinto, genuino. Para quienes vivimos la música como parte de nuestra vida, hoy nos sentimos huérfanos de todo lo que Robe Iniesta representaba. No es fácil vivir como se piensa, pero él siempre lo hizo. Nos deja un legado enorme en forma de canciones, y también momentos en entrevistas que siguen sien...

El sesgo de confirmación como arma

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  El ser humano tiene una tendencia casi natural a ser cabezota. Lo difícil que resulta desprendernos de una idea cuando ya la hemos dado por cierta. Incluso cuando nos ponen delante datos, pruebas y explicaciones que muestran lo contrario, solemos mantenernos firmes. Y a veces esa firmeza es tan absurda que roza lo irracional. Pero aun así, seguimos defendiendo nuestras creencias. En psicología, esta tendencia se llama sesgo de confirmación . Significa que buscamos información que confirme lo que ya pensábamos y, a la vez, ignoramos o minimizamos todo aquello que lo contradice. Es un mecanismo muy humano, pero también muy peligroso. Además, tenemos dos necesidades psicológicas que chocan entre sí: nos gusta rodearnos de gente que piensa como nosotros, porque eso nos da seguridad, pero al mismo tiempo queremos sentirnos distintos al resto, especiales. Esta combinación nos hace vulnerables a ciertos discursos que saben aprovechar esas debilidades. Y aquí entra en juego un fenómeno m...

El precio del bienestar

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  Sé que lo que voy a decir no es popular, pero todos sabemos, en el fondo, que es cierto. Jamás hubo en España una juventud con una indigencia mental tan profunda como la actual. Nunca. Hablamos de jóvenes a los que convencen de que viven en una república bolivariana comunista, mientras disfrutan de todas las comodidades imaginables: un móvil operativo en el bolsillo, colchón viscoelástico, ordenador, conexión de banda ancha, consola, televisor… Comen a la carta, reciben una paga para salir a beber con sus amigos e incluso viajan con ellos. Estudian en institutos y universidades públicas que les ofrecen formación gratuita, tienen la libertad de manifestarse por cualquier causa que consideren justa, disfrutan de asistencia sanitaria universal, descuentos en transporte público, bonos y un sinfín de derechos más que les han acompañado desde que nacieron. Y, aun así, cualquier mediocre con un perfil en redes sociales es capaz de convencerlos de que “antes se vivía mejor”. No obstante,...

Ofenderse es una elección

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  ¿No es algo curioso que cuando tú pareja dice algo, tú sientas que te están castigando?. Analizas la palabra y piensas. "No lo está diciendo sin más, lo dice para ofenderme". Y en seguida fuego en el pecho. "¿Quieres ofenderme?". " Pues verás ahora". Y pasas al ataque con reproches absurdos y haciéndote la ofendida. Pero no estás defendiendo tú dignidad, estás defendiendo tú herida. El tema no es que estés enfadada con el otro, estás enfadada con la sensación de sentir lo que alguna vez sentiste, con que aquellas palabras estén ocultas en cualquier cosa que te diga. Así que levantas tu escudo y te victimizas por lo que siendo víctima, puedes pasar al ataque y decirle al otro lo que te dé la gana, porque lo haces para defenderte. Puedes hacerle sentir igual de mal que te sientes tú, aunque honestamente sepas que esas palabras que te ha dicho son absurdas. Pero la verdad es esta, tú cuerpo, herido por tantas veces que te hicieron daño, ya no distingue entr...

La creencia limitante

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  ¿No te parece extraño que justo cuando todo va bien en tu relación, sientas un deseo inexplicable de arruinarlo todo?. Una mirada mal interpretada, un detalle, una pelea de la nada, un drama inventado y ¡zas!. El momento feliz se convierte en cenizas. Pero no arruinas lo bueno porque te parezca una mentira, lo arruinas porque en el fondo no soportas sentir que lo mereces. Y el tema no es que la felicidad sea frágil, el tema es que tienes tanto miedo a perderla que la matas tú primero para sentir que tienes control sobre el desastre, confundiendo intensidad con amor y destrucción con control.  Lo curioso es que en el fondo todo este sabotaje nace de un deseo secreto, de que tú pareja aguante, se quede entre los escombros y te demuestre que su amor, es más fuerte que tu miedo. Pero la verdad no es otra que la de no dejar entrar a la felicidad sencillamente porque no confías en tu capacidad de sostenerla.  El pánico a la calma nace de la creencia de que no mereces la felic...