Y cuando algunos pensábamos que la cosa estaba cambiando, llega el tema Rubiales y nos chocamos de lleno con la realidad.
La selección femenina de fútbol se alza con el título de campeonas del mundo y absolutamente todo queda empañado por la acción de un hombre. Rubiales se gastó dinero de la FEF en prostitutas y fiestas para el y sus amigos, se llevó la Supercopa de ese país que tanto ama y defiende a Arabia Saudí para trincar petrodólares, malversación, tráfico de influencias...y un largo etcétera de actos que nos hacen entender ante que joyita estamos. Como será el menda para que la FIFA, un organismo lleno de sinvergüenzas y ladrones, decida suspenderlo del cargo. Para que lo podamos entender mejor, esto es como si la mafia calabresa, echara a uno de sus componentes porque se le va la mano con los enemigos.
Sorprende que haya quien se agarre a si fue Jenni quién lo levantó con su brutal fuerza, como si de ser así, esto fuese suficiente para que tu jefe te plante un beso en la boca porque los números han salido. Pero lo que parece que no se termina de entender, es porqué le da el beso y si no vemos nunca a Rubiales darle un piquito a cualquier otro futbolista masculino tras conseguir una gesta, la pregunta se responde sola. Se lo da sencillamente porque es una mujer. Y es aquí donde radica el problema, absolutamente nadie en su sano juicio puede proponer, ni mucho menos dar un beso en la boca a una mujer porque esta haya conseguido algo celebrable. Imaginad por un momento que en vuestro trabajo habéis hecho algo bien y vuestro jefe en lugar de daros la enhorabuena o una comisión, de repente os agarre de la cabeza y os pregunte. ¿Un piquito?. Es absolutamente inconcebible y justificar algo así porque algún político use el hecho para beneficiarse políticamente, es igual de inconcebible. Rubiales representa el machismo más absoluto y rancio, reconoció que se equivocó y prometió que nunca más iba a suceder para dos días después poner los testículos de nuevo encima de la mesa, culparla a ella y terminar de machacarla. ¿Os suena de algo?.
Solo hay algo positivo que sacar de todo esto y es comprobar como la mayoría de la ciudadanía, ve lo que ha ocurrido como algo que nunca más debe ocurrir. Luego están los que le defienden, pero en este país hay quien se apiada de las personas según su apellido, su estatus o su inclinación política. Si no nos extrañó que hubiese quien defendiera a otro "rubiales" después de que descuartizara a su pareja, tampoco debe extrañarnos esto.
Poco recorrido tendrá el caso como para condenar a Rubiales por agresión sexual, pero por lo menos tendremos que agradecer que el y sus palmeros, salgan de una institución que debería ser un ejemplo para todos.

A raíz de lo de "Rubiales" ha saltado a las redes, en estos dias, un editorial de Manu Sanchez en A3 de mayo, preguntándose qué está pasando para que cosas "de toda la vida" ya no estén bien vistas y nos tengamos que preguntar si podemos o no darle un par de besos a una mujer, entre otras cuestiones. Complicado? No, no lo es. Los hombres no somos feministas, no podemos serlo, somos hombres, el sujeto del feminismo será la mujer, la nacida mujer, concretamente. Los hombres podemos hacer de nuestros espacios, espacios proclives para el feminismo, pero tenemos la puñetera costumbre, de toda la vida, de permitirnos decir a una mujer cuando, por nuestra actitud, pueden o no sentirse incomodadas, en lugar de llevarnos a la reflexión en pensar en por qué se ha sentido así y si no tendrá algo que ver mi forma de interactuar con el otro sexo. Los hombres no damos besos a hombres que nos acaban de presentar pero vemos normal romper la barrera de la intimidad de la otra persona si se trata de una mujer, como hemos hecho toda la vida. Estos dias han sacado a la luz todo el machismo, que nosotros los hombres, por nuestra socialización y por haber sido educados conforme a los estereotipos sexistas somos capaz y da igual el color político de donde venga la ráfaga con olor a rancio... los hombres somos machistas y hasta que no sepamos reconocernos en esos términos y ser capaces de analizar nuestra conducta en base a ello, da igual cuanto levantemos la voz contra los rubiales porque en mayor o menor medida y como se ha comprobado con Ignacio Escolar (muy progresista) en la intimidad, en los espacios privados seguimos siendo, riéndonos o callándonos ante estas actitudes como hemos hecho toda la vida. Todos somos machistas y si en nuestra cabeza aparece la idea de "no lo soy", lo eres, pero te tienes que querer dar cuenta y quitarte esa capa calentita y confortable que huele a, efectivamente, rancio.
ResponderEliminarEfectivamente es así, hay incluso hombres que enarbolan la bandera del feminismo en primera línea, sin caer en la cuenta del acto machista que supone adueñarte de un protagonismo que no te pertenece, ni permitirles luchar por sus derechos, ni de eso somos capaces.
EliminarMuchas gracias por tu comentario.