La hora de los salvapatrias

Vaya por delante que el rapero Hasel, ese mismo que insultó a Julio Anguita el día de su muerte, me parece un imbécil con ganas de un protagonismo que jamás tendrá como cantante. Pero no se trata de si nos cae simpático o no, sino de la utilización de las leyes para crear un precedente con el que avisar a navegantes.
No sabemos si Marlaska se ha quedado mudo, congelado, impasible o simplemente le están haciendo la cama, pero alguien tendría que responder por las actuaciones policiales en Madrid o Valencia entre otros lugares.
Golpeando a jóvenes que por su edad no han conocido otra cosa que vivir sabiéndose condenados a un futuro incierto, la policía no solo no ha sido capaz de solucionar algo con su actuación, sino más bien lo contrario, echar gasolina al fuego. Y todo después de que asistiesemos en días anteriores, no a la quema de contenedores de plástico, sino al bochornoso espectaculo que resulta el ver a un agente bailotear puños en alto, después de propinar junto con su compañero, una brutal paliza a un padre y su hija, la tormenta perfecta.
Como siempre, están los que pueden sacar tajada de todo esto haciendo el teatrillo piedra en mano y poniendo el punto de mira en el como y no en el porqué. Y mientras, todo se engrandece, se nos presenta el problema como un caos al que nadie podrá poner fin, más que los salvapatrias, esos que tienen la receta mágica para establecer el orden, el mismo que se rompió en el barrio Salamanca hace unos meses, pero entonces la receta era distinta, para esa España guante de seda, para esta, puño de hierro. 
Pero nada es casualidad, se señala a toda la izquierda como la causante de todos los males, y en este país la opinión pública está del lado de lo que identifica como el orden, hasta el punto que si un policía insulta a una cría de 18 años llamándola "puta de mierda" o le saca literalmente el ojo a otra de la misma edad, esa opinión pública entenderá que ellas se lo han buscado por estar allí.
Y es que amigos, la democracia involuciona constantemente y este retroceso ni es casual, ni es accidental. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El sesgo de confirmación como arma

Ofenderse es una elección

MADRILUCÍA