Ya no me atrae lo difícil
Recuerdo cuando me atraía lo incierto, lo inestable, lo que hería y luego pedía perdón con una sonrisa. Me fascinaba quien venía y se iba, quien contestaba cuando quería, quien jugaba con la ausencia como si fuera un arte. Y si lograba por fin que se quedara, entonces pensaba que yo tenía un alto valor y que ese amor esquivo era la prueba misma de mi valor. Pero un día desperté. Y en ese despertar hubo silencio, duelo y después, comprensión. Entendí que aquello no era amor, sino un eco de mis carencias. Que me aferraba a migajas, creyendo que eran banquetes. Que no era pasión, era hambre. Y que mi ego, buscando validación constante, confundía el caos con intensidad. Cuando no has sanado, lo confuso se vuelve magnético. Lo difícil parece especial, profundo y el dolor se disfraza de destino. Pero al sanar, ya no quieres fuegos artificiales que arden y desaparecen, todo eso te da hastío y pereza. Quieres fuego lento, presencia serena, manos que no tiemblan al sostenerte. Porque cuand...